miércoles, 10 de abril de 2013

Crónica repetida



Vaya leña, con sus mulas,
vaya semana con guasa,
que parecía la Avenida,
Isla Mayor, con sus castas;
sólo faltaba el arroz
y cangrejos por el agua.

Tor mundo con chubasqueros,
blasfemando y con paraguas:
¡ojúqué jartura de año,
qué jartura de borrascas,
que en vez de estar maqueaos
viendo la Semana Santa
perecíamos marisqueras
metidas en las Rías Bajas.

Encima el niño, ioputa,
sólo quería granizada,
que se me quedó la mano
más tiesa que una mojama.
Para colmo, sentadito,
va el sieso y me la derrama
en lo alto la entrepierna
esperando que pasara
algún que otro nazareno
dando estampas y medallas
y llevo ya cuatro días
como el Pozí, con la espalda,
doblá desde abajo a arriba
que parezco una alcayata
y cuando voy a orinar
con un pincho he de sacarla
igual que las cañaillas
¡yo me cago en to mi estampa!

Y ahora llega el Viernes Santo
y pa cambiar ¡toma agua!
Y el niño, en un descuido,
al río me tiró el paraguas.
Y el coche, por la Cartuja,
más lejos que la Alpujarra.
Y aquí me tienen ustedes
dobladito de la espalda
dándole koskis al niño
en la larga caminata,
cogidito de la mano
y chorreando a mansalva
que en vez de un nazarenito
parecía un hombre rana
¡Que hasta lasalío verdina
a la túnica en la espalda!

Seguro que hasta Cuaresma
no nos viene otra borrasca,
a no ser que, mi vecino,
el de la calva y las barbas,
con esa cara de muerto
saque el antifaz de la caja,
que tiene más mal bajío
que una maldición gitana.