sábado, 15 de junio de 2013

Recuerdos de una noche de verano


Todo estaba preparado
para un encuentro con guasa:
los coroneles en fila,
de Jabugo, una lonchada,
alguna que otra croqueta
y sus pavías de pescada,
aunque - todo hay que decirlo –
antes de que comenzara
el desfile de soldados
con coronel mando en plaza,
le hicimos una camita
de Gambrinus, casi helada,
a los seis estomaguitos
pa que el flatito largaran.

La noche siguió cayendo
envuelta en condumio y charla,
y cuando consideramos
que el hambre ya estaba echada,
fuimos en busca de un Muerto
a Alhóndiga, por la Alfalfa,
y no veas tú la sorpresa
cuando entramos en su casa:
¡Que el tío no estaba muerto!
¡Que estaba tirando cañas!
Así que nos situamos
en la esquina de la barra
 juntamos los piesesitos
en debajo de la cámara,
y le hicimos un retrato
entre hielo y copas largas.

Y este es el cuento que un día
bajo una noche estrellada,
vivió un torero sin luces,
un tabernero sin tasca,
uno de la Macarena
que viene desde la Cava
y un Canónigo del Cerro
que escribe de madrugada,
junto a dos bellas doncellas
con cinturas de Giralda.