viernes, 29 de agosto de 2014

No te voy a echar de menos


Te vas y sólo me dejas,
los sobacos escocíos
y el contador de la luz,
temiendo que llegue el tío
y apunte en la maquinita,
con aires de desafío,
el sablazo que su empresa
dejará con poderío
en lo alto de mi lomo,
sin que yo diga ni pío.

Te vas a la vez que vuelve,
otra vez ese gentío
que con sus carnes morenas,
me llega desde el estío
a ocupar mi aparcamiento,
que siempre estaba vacío,
esperando que llegara
de comprar los desavíos,
un servidor con su coche,
a su libre albedrío.

Te vas, pero yo te juro,
que desde un inmenso hastío,
no te voy a echar de menos
desde mi rincón sombrío,
porque vaya la que has dado
en ésta orilla del río,
sin ni siquiera un momento
relajado de rocío.

Así que, querido agosto:
¡vete por dónde has venío!