Me gusta la ensaladilla
y las papas aliñás.
Los trocitos de tortilla
y pepitos de pringá.
La empanada de bonito
y un buen pastel vegetal.
Un par de huevos rellenos
y después, carne mechá.
Y antes de echar el flatito,
un postrecito de ná,
que tenga nata montada
en el bizcocho pegá.
Pero lo que más me gusta,
son las manos que lo dan.
Desinteresadamente.
Y que a cambio pedirán
que aportes sólo un poquito
para una Obra Social
y multiplicar los panes
en actos de caridad
siguiendo lo que está escrito,
por Quien preside un Altar
de cerámica trianera
en éste viejo arrabal,
envidia de quien no pudo,
nunca su suelo pisar.
Y los viernes, en La O,
tras la misa de Hermandad,
se destapan fiambreras
de delicioso manjar
y en un ambiente gracioso,
lleno de cordialidad,
se convierten en ingresos
de Bolsa de Caridad
y una “Esperanza y Vida”
que ayuda a quien vida da,
en la Hermandad más bonita
que se pueda imaginar.
Que Él y Ella os lo paguen,
con mucha felicidad,
al igual que estoy seguro
que los que a su lado están,
se sentirán orgullosos
del callado trabajar
en esta Hermandad que ellos,
un día supieron amar,
y que al igual que a vosotras,
hoy conviene recordar.
