Este año, el
Septenario,
tiene distinto color;
no tiene el mismo sabor
aunque sea el mismo escenario.
Este año, el Septenario,
no tiene esa espera inquieta
con nombres en Papeletas
que son pasaportes de Gloria
que, al olerla, la memoria,
trae promesas secretas.
Este año, el
Septenario,
tiene ausencia de una espera,
que nos sirve de escalera
para medir calendario.
Este año, el Septenario,
está un poquito vacío:
le falta el escalofrío
de soñarla en tres semanas
silenciando La Campana
rodeada de gentío.
Este año, el
Septenario,
no tiene sones de fondo,
de tambor corneta y bombo
animando al vecindario.
Este año, el Septenario,
no tiene banda ensayando,
ni tiene Centuria andando
por un Arco de azucenas,
que anuncia, en La Macarena,
lo poco que va quedando.
tiene distinto color;
no tiene el mismo sabor
aunque sea el mismo escenario.
Este año, el Septenario,
no tiene esa espera inquieta
con nombres en Papeletas
que son pasaportes de Gloria
que, al olerla, la memoria,
trae promesas secretas.
tiene ausencia de una espera,
que nos sirve de escalera
para medir calendario.
Este año, el Septenario,
está un poquito vacío:
le falta el escalofrío
de soñarla en tres semanas
silenciando La Campana
rodeada de gentío.
no tiene sones de fondo,
de tambor corneta y bombo
animando al vecindario.
Este año, el Septenario,
no tiene banda ensayando,
ni tiene Centuria andando
por un Arco de azucenas,
que anuncia, en La Macarena,
lo poco que va quedando.
