Noventa y un lustros llenando
de Dios la calle Castilla,
donde sembró su semilla
y el fruto fue germinando.
Noventa y un lustros soñando
con carey que se quebranta
y entre lirios se levanta
castigando a un Nazareno,
de un perfil, bello y sereno,
que va anudando gargantas.
Noventa y un lustros
rezados
de Antífonas al Adviento
poniendo siempre el acento
en Nacimiento esperado.
Noventa y un lustros al lado
de su dolor y su gozo.
De su Nombre, como un pozo:
redondo y lleno de vida,
donde curar las heridas
pegados a su sollozo.
Noventa y un lustros
de orilla
y envites de aguas de un río
que se rindió al desafío
de unir Triana y Sevilla.
Noventa y un lustros que brillan
en historia de esplendor.
Noventa y un lustros de amor
a una herencia recibida.
Noventa y un lustros de vida,
de la Hermandad de La O.
de Dios la calle Castilla,
donde sembró su semilla
y el fruto fue germinando.
Noventa y un lustros soñando
con carey que se quebranta
y entre lirios se levanta
castigando a un Nazareno,
de un perfil, bello y sereno,
que va anudando gargantas.
de Antífonas al Adviento
poniendo siempre el acento
en Nacimiento esperado.
Noventa y un lustros al lado
de su dolor y su gozo.
De su Nombre, como un pozo:
redondo y lleno de vida,
donde curar las heridas
pegados a su sollozo.
y envites de aguas de un río
que se rindió al desafío
de unir Triana y Sevilla.
Noventa y un lustros que brillan
en historia de esplendor.
Noventa y un lustros de amor
a una herencia recibida.
Noventa y un lustros de vida,
de la Hermandad de La O.
