No hubo plumas ni enagüetas,
ni paso ordinario marcado
para llegar a su lado,
y rodear su Silueta.
Pero sí sonaron cornetas,
como en la hora temprana
que abre Centuria Romana
a la Noche de Sevilla.
También brillaron mejillas,
cuando Él pisó La Campana.
ni paso ordinario marcado
para llegar a su lado,
y rodear su Silueta.
Pero sí sonaron cornetas,
como en la hora temprana
que abre Centuria Romana
a la Noche de Sevilla.
También brillaron mejillas,
cuando Él pisó La Campana.