Te buscan mis andares, muy temprano,
para encontrar tu luz ya levantada
y soñar, por tu piel de cal pintada,
sin que nadie nos vea de la mano.
Perdido en laberinto de un rellano
de bella morería cristianizada
me acompaña el olor a mi llegada
de jazmín y geranio sevillano.
El camino, termina en el encuentro
de una plaza color de buganvilla
y una Gruta, que tiene en sus adentros
a su Dueña, que bajo una tumbilla,
en Novena espera los reencuentros
de mañanas de agosto con Sevilla.
