lunes, 5 de febrero de 2024

Despertando primaveras

Cuando en Triana atardece
el viernes previo a Cuaresma
y el sol se oculta despacio
en su cuna aljarafeña
tiñendo el cielo de añiles
anunciando luces nuevas,
un Divino Nazareno,
atado por sus muñecas
sobre una alfombra de flores
que flanquean maniguetas,
espera de nuevo el rito
de chicotadas pequeñas
que le lleven, suavemente,
al lugar de preferencia
donde presidir los cultos
que en su honor se concelebran
por los fieles y devotos
que a orillas de esta ribera
intentan seguir sus pasos
hace décadas de décadas.

En la oscuridad del templo,
y sobre un mar de cabezas,
se desplaza suavemente
rodeado de promesas
entre el perfumado humo
que adorna su delantera.

Cera roja le precede,
y los ciriales se elevan
cada vez que con sus pasos
al Altar Mayor se acerca.

Y cuando Él llega a éste,
es cuando todo comienza:
El "Jorobao" de Quinario,
su Madre, luce de hebrea.
De nuevo, brota el milagro
y en Triana, es primavera.