como la del seis de enero,
tiene música de fondo
con sones campanilleros
con sus villancicos, pero,
ésta segunda ¡Dios mío!
la escribo mirando entero
un plato de porcelana
hondo, de los de puchero,
de papas con bacalao
color amarillo albero,
que me sirven de antesala
a ese cuenco zalamero
llenito de arroz con leche
con canela en los costeros
y dos torrijas meladas
que ya son mi desafuero
cuando, con la cucharita,
corto trocitos ligeros
y con los ojos en blanco
trago su manjar dulcero
mientras voy imaginando
los otros campanilleros;
que no son precisamente
los de zambomba y pandero,
sino los que en pocos días,
detrás de un palio altanero,
escucharé en una esquina
bajo un naranjo florero
en el Domingo soñado
en que se estrena algo nuevo.
¿Quién dice lo de abstinencia?
¿Quién dice tiempo de duelo?
¡Es Miércoles de Ceniza!
Y a mediados de febrero,
¡Nos quedan cuarenta días
"pa" otra vez tocar el Cielo!
