Y yo, buscando el Domingo
el que me pega el respingo
cuando veo su andar sereno.
Cuando bajo de un sol pleno,
que lo ilumina de Ramos,
marcha en busca de su tramo
y pavonea en su cadencia,
pues sabe que su presencia,
pone la Gloria en mis manos.
¿Tú qué cuentas, nazarenos?
Y yo, buscando miradas
que se quedan atrapadas
en unos ojos ajenos.
Y se clavan como truenos
al alma que los contempla,
cuando ya el tiempo no cuenta,
pues se detiene convulso
y sólo se escucha el pulso
en "chicotá" fina y lenta.
¿Tú qué cuentas, nazarenos?
Y yo, buscando tabernas,
donde reposar las piernas
envuelto en ambiente ameno.
Para entre ropa de estreno
y primavera en vestidos,
compartir lo que he vivido
en esta piel de María
que se convierte en poesía
cuando el tiempo es detenido.
¿Tú qué cuentas, nazarenos?
Y yo, buscando el incienso
que en nube se posa lento
por delantera y costeros.
Mientras, la voz de un saetero,
como un dardo lo atraviesa,
con su perfume lo apresa
llenándolo de fragancia
junto al de la abundancia
de la flor que lo adereza.
¿Tú qué cuentas, nazarenos?
Y yo, paseando mañanas
de vísperas que derraman
ceras recién encendidas.
Y flor que espera escondida
el golpe de un llamador,
para llenar de esplendor
dinteles de bambalinas
que un sol de tarde ilumina
con su dorado calor.
¿Tú qué cuentas, nazarenos?
Pues apúntame en la lista
de los que gastamos vista
para esquivar el terreno…
Y a las sillas que unos memos
ponen por todos los "laos".
Y al montón de "espabilaos"
que sueñan con un palquillo,
para encargarle a un pardillo,
tu trabajito, ¡"pringao"!
