sábado, 26 de julio de 2025

Cartón piedra

Llegó otra vez tu final,
triana de cartón piedra.
La peste de las sardinas
ya se fue de tus aceras,
al igual que los listillos
que sin puñetera idea,
con sus dietas y sus trajes,
vienen y te pescuecean
y sólo de ti se acuerdan
cuando suenan castañuelas.

Ya se acabó el paseíllo
de fantasmas y lumbreras,
que al compás de un pasodoble
por tus calles pavonean
rodeados de pelotas
con caritas de babiecas
lamiéndoles los traseros
por un tinto en la caseta.

Ya pasaron los pregones
de cicerones de oferta,
con sus tópicos al viento
de verdes avellaneras,
de días señalaitos,
de trianear sin idea,
de cucañas, pescaito
y todo lo que les cuentan.

Ya vuelve, poquito a poco,
la verdad, sin tapadera,
y se van para otro sitio
a inventar otra historieta
los vendedores de humo
con su cultura andrajera
a seguir mangoneando
en cualquier otra caseta
y que les bailen el agua,
del pesebre, otros chancletas.

Poco a poco, el Altozano,
del susto se recupera,
y le van volviendo ecos
de soleás trianeras,
de fandangos naturales
y cantes de ida y vuelta,
olvidando los compases
de caja con pandereta
que cantan más malamente
que una babucha reseca.

Ya se acabó la función
y el cuento de la lechera;
los guiris con calcetines;
los tontos de la bandera;
los piojosos sin tabaco;
los cicerones de pega;
los pescuezos de distrito;
los del viva lo que sea;
los de su puente y aparte;
los mangantes de carteras;
los trianeros de mentira
y la mugre sardinera.

¡Qué bonita está Triana,
cuando quitan las banderas!