y un otoño de almanaque
ansioso espera su atraque
para sus ocres soltar,
una Mirada nos viste
la tarde, de dulce calma,
y baja buscando almas
al suelo, desde su altar.
Entre sonrisa escondida,
bajo un llanto roldanesco,
sus lágrimas son refresco
para el que el paso detiene
y se prende, en la acogida,
que con sus manos te ofrece
a cambio de que le reces
Salve que el aire sostiene.
Cuando el último calor
te hace buscar sombra fresca
por calle que sueña fiesta
de mujo, corcho y pastores,
encontrarás el sabor,
en cuando dobles su esquina,
de una Rosa, sin espinas,
que llena Orfila de olores.