y se marchita una rosa
de las siete que esperamos…
de las siete que esperamos…
Las rosas que reconfortan
el corazón sevillano
de unos locos que la adoran.
Cuando se diluye el día;
el primero que transforma
a Sevilla en gloria misma,
con sus amantes en cola
embriagados de su encanto
oculto en la dulce sombra
que una Giralda bendita
desparrama por su alfombra.
Cuando al que sueña estos días
durante un año en su alcoba
le empieza la melancolía
de la primera derrota,
aún le queda donde asirse,
y su ilusión se rebrota
al encontrar tu riada
de blanca espuma que flota
por las calles, ya tranquilas,
de globos y nuevas ropas.
Riada con Cruz de Malta,
que antes de ocultar su aroma
y que en San Juan de la Palma
atraque un navío su proa
tripulado de un Silencio
envuelto entre blancas ropas,
perfumará Santa Ángela
con la Azucena más pronta
que en Sevilla nos florece
y que siempre nos asombra
en su perfil de Amargura
antes de que el llanto rompa.
Cuando a todos nos parece
que el Domingo se derrota,
aún nos queda su Amargura,
y otra vez, el alma flota.
