que a escondidas sale a verte
y vuelve al cielo celeste
cuando en Ti posa sus malvas.
Con sus rayos, como salvas,
anuncia ya tu llegada
cuando por la encrucijada
de Boteros buscas luz
que duda en salir, pues Tú,
la eclipsas con tu mirada.
y vuelve al cielo celeste
cuando en Ti posa sus malvas.
Con sus rayos, como salvas,
anuncia ya tu llegada
cuando por la encrucijada
de Boteros buscas luz
que duda en salir, pues Tú,
la eclipsas con tu mirada.
También pudo ser el sol,
cuando posa en Resolana
su luz a media mañana
llenándola de esplendor.
Mientras, Tú eres crisol
por Parras, siempre esperando,
a tu sonrisa y tu llanto;
para blanquear sus cales
y bendecir los portales
que el tiempo ha ido guardando.
O a lo mejor fue la brisa,
que te recibe en el Arco
y por los Colegios Altos
en tu perfil se desliza.
Allí observa cómo hechizas
"anchalaferia" en la noche
mientras la luna, de broche,
se prende en tus bambalinas
que dejan por las esquinas
"juanmanuelinos" derroches.
Pero creo que fue Sevilla,
que un día que se miraba
en el río reflejada
lo conjuró con su orilla.
A la luz que en ella brilla
quiso añadir claridad,
y al Cielo fue a reclamar
al mismísimo Dios Padre
que le dejase a su Madre,
para poderle rezar.
