sábado, 31 de enero de 2026

Hubo un tiempo...

Hubo un tiempo, en el que los costaleros eran gente del muelle, del Mercado de Entradores y de los tejares de Triana en su mayoría. Las cuadrillas llevaban la gente justa, y cuando un costalero se salía a tomarse una cerveza - además del aire -, aparte de que cuando entraba en el bar la gente le hacía un cerco por la pinta que llevaba, lo hacía de prisa y corriendo, porque sabía que en su trabajadera dejaba un hueco vacío.

Hubo un tiempo, en el que para los capataces lo primero era su gente. Sabían perfectamente "la gasolina" que llevaban, y no perdían el tiempo en florituras de cara a la galería, sino que además de igualar de una manera impecable, aliviaban el trabajo de su gente por encima de todo.

Hubo un tiempo, donde el que decía cuándo, cómo y dónde se paraba un paso era el Fiscal del mismo, y ningún capataz se atribuía decisiones personales sin el consentimiento del primero.

Hubo un tiempo, en el que los oficiales de junta eran cofrades y gente de Iglesia, y en el que ser Herman Mayor de una cofradía, no servía para medrar y trepar en la sociedad, sino que era lo que hoy llamamos "un marrón", costándote el dinero, el tiempo y a veces hasta la familia.

Hubo un tiempo, en el que la música sonaba en la salida, la Campana, la entrada y cuatro momentos más, yendo los pasos el resto del camino sobre los pies, de frente y a golpe de tambor.

Hubo un tiempo, en que las “revirás” (palabra tela de fea) las daban los barcos en medio del río. Los pasos, daban vueltas, y siempre andando de frente.

Hubo un tiempo, en el que cuando el Domingo de Ramos veías al primer nazareno, te entraba un escalofrío desde los zapatos que ibas estrenando hasta la nuca imposible de describir, pues, tu memoria, era el único medio que tenías para recordar esos días soñados durante un año.

Hubo un tiempo, en el que los silleros estaban pregonando y vendiendo sillas todos los días de la Semana Santa hasta que pasaba la última cofradía.

Hubo un tiempo, de acólitos profesionales.

Hubo un tiempo, en el que el nazareno iba andando a la iglesia porque vivía cerca de ésta.

Hubo un tiempo, en el que el nazareno, que podía, daba caramelos.

Hubo un tiempo, en el que las vísperas eran "mudás", y no nazarenos.

Hubo un tiempo, en el que las coreografías sólo las hacía el ballet de Valerio Lazarov en TVE, y no los pasos.

Hubo un tiempo, en el que los únicos días que podías comer calentitos por la tarde y no sólo por la mañana eran los de Semana Santa.

Hubo un tiempo, en el que los devotos iban detrás de los pasos, y no delante, andando de espaldas y arrollando a la gente mientras van hablando o haciendo fotos con el móvil.

Hubo un tiempo, en el que las Cruces de Mayo de niños eran eso: en mayo y de niños.

Hubo un tiempo, en el que las cuadrillas se concentraban descargando barcos y no olían a Reflex.

Hubo un tiempo, en el que en los periódicos y las radios trabajaban periodistas.

Hubo un tiempo, en el que, además, yo era muchísimo más joven… ¡joder!