domingo, 18 de enero de 2026

Once lustros

Hace once lustros, un joven de trece años sin tradición cofrade familiar pero enamorado de la Semana Santa de Sevilla desde que tuvo conocimiento de ella, deseaba con toda su alma participar en dicha celebración desde sus adentros: vivirla desde el anonimato de una túnica de nazareno.

Anduvo buscando esa oportunidad y esa túnica por varias hermandades, tanto de su barrio como incluso por fuera de este sin obtener resultado, hasta que, por fin, quizás en la que menos se esperaba, encontró su oportunidad y su túnica.

Él no lo sabía entonces, pero el destino le acababa de regalar uno de los mayores privilegios que la vida te puede dar: pertenecer como hermano desde aquel momento, a la Pontificia, Real e Ilustre Archicofradía del Santísimo Sacramento, Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la O.

Once lustros. Cincuenta y cinco años. Toda una vida de raso, prendido a un Dulce Perfil reflejado en el carey de su Cruz o en la cerámica trianera de su altar y a una Vocal Expectante que, cada diciembre, cada año más guapa y radiante, llena de belleza y esplendor un nuevo Adviento.

Once lustros desde aquel día
que una túnica buscaba.
Tú a mí ya me esperabas,
aunque yo, lo desconocía.
Diez lustros de cofradía:
desde la cruz, a la cera;
de saco y trabajadera;
de palermo y canastilla.
Once lustros de cosquillas
mientras el raso me espera.

Once lustros llenos de vida
del Adviento a la Cuaresma.
De no sentirme las piernas
los Viernes en la salida.
Once lustros de sacudidas
en las entrañas del alma
cada vez que, hacia tu calma,
con cerámica o carey,
me acerco a buscar tu Ley
sin poder hacerte trampas.

Once lustros de aquel pensar
de atrevida condición
que creía que al corazón
sólo tenía que escuchar.
Once lustros, para parar,
y pensar con la cabeza.
Esa joven fortaleza
se diluye poco a poco,
aunque sigo, como un loco,
prendido ante tu belleza.

Once lustros viendo llegar
genes propios al camino
que me marcara el destino
que ellos vienen a buscar.
Once lustros de recordar
tanta gente que marcharon
aunque antes, me dejaron,
una lección aprendida:
La Hermandad nunca se olvida
de todos los que la amaron”.

Once lustros van ya, posando,
mano, promesa y amor
cuando entre cera, Señor,
Cuaresma traes estrenando.
Once lustros ya, caminando,
con una Vocal de guía
que al mismo Dios pariría
dando al Adviento respuesta.
Once lustros, miembro de esta,
Ilustre Archicofradía.