Con la que lleva cayendo
y una mijita de guasa,
recordaremos el tiempo
de aquella Semana Santa.
Vaya rasca, con sus mulas,
vaya semana con guasa,
que parecía La Campana
Tol mundo con chaquetones,
con guantes y con bufandas;
con calcetines de lana
y encima, con un paraguas.
No tendrá días el año...
Pues nada, en Semana Santa,
es cuando se acordó el cielo
de mandarnos la borrasca.
Encima el niño, ioputa,
sólo quería granizada,
que se me quedó la mano
más tiesa que una mojama.
Para colmo, arreciito,
va el ciezo y me la derrama
en lo alto la entrepierna
cuando el Museo pasaba,
y me quedé sentaito
sin articular palabra,
sólo con dos lagrimones
que la gente preguntaba:
¿tamocionáo con el palio?...
¿O son los sones de Aguas?...
Y me llevé nueve días
como el Pozí, con la espalda
doblá desde abajo a arriba
que parecía una alcayata
y cuando iba a orinar,
con un pincho la sacaba;
igual que las cañaillas…
¡Yo me cago en to mi estampa!
Y ahora llega el Viernes Santo
y pa cambiar, ¡toma agua!
Y el niño, en un descuido,
al río me tiró el paraguas
Y el coche por la Cartuja ,
más lejos que la Alpujarra …
Y aquí me tienen ustedes
doblaito de la espalda
dándole koskis al niño
en la larga caminata,
cogidito de la mano
y chorreando a mansalvas,
que en vez de un nazarenito
parecía un hombre rana…
¡Que hasta lasalío verdina
a la túnica en la espalda!
Que lacháo tres dobladillos
y no ha llegáo a la Campana.
no nos viene otra borrasca,
a no ser que mi vecino,
el de la calva y las barbas,
con esa cara de muerto
saque el antifaz de la caja,
que tiene más mal bajío
que una maldición gitana.