miércoles, 1 de febrero de 2012

Corral


Tuvo que ser noviembre,
con sus luces enlutadas,
el tiempo que puso fin
a una vida por la Cava.

Aquel día estrené nostalgia
de algo que comenzaba
hace casi once lustros
entre aflamencadas nanas
en un corral de vecinos
con flores en sus ventanas,
olor a copa de cisco
y añil en su ropa blanca.

Hoy la cuna está más lejos,
y los recuerdos emanan
llenos de colores vivos
y lenguaje de Triana,
que se han convertido en grises
de una tierra especulada
que entre miserias espera
la piqueta despiadada.

La soleá se derrumba,
mientras los vientos acaban
con las voces corraleras
que sin piedad son cambiadas
por acentos extranjeros
de un Babel de fría mirada.

Aquel día dije a mi cuna,
adiós con toda mi alma.
Sentí que me llegó el día,
que a muchos, ya les llegara.