Como novia reluciente,
Rosa de pitiminí,
saliste buscando el puente
y el sol se quedó en tu frente
al vértela sin cubrir.
El humo te rodeaba,
y tu Cara perfumaban
las orquídeas de tus plantas.
Los vencejos te trinaban
y bambalinas doradas
anudaban las gargantas.
Y llegaste con sigilo.
Y Triana te esperaba
con Sevilla por testigo
para ver como tus hijos
de oro te coronaban.
La calle se hizo Templo
para salir a tu encuentro
en Altozano de gala,
mientras reflejos de ensueño
de un ocaso aljarafeño
al caserío recortaba.
Y tus sienes se llenaron
de cariño y devoción,
de un oro que apadrinaron
"Cristos Bienaventurados"
y "Manos de Comedor".
Mientras la noche caía,
las estrellas a porfía
se asomaban para verte
y lágrimas parecían,
de los hermanos, que un día,
Tú llamaste para siempre.
Y bajaste de lo efímero
para salir al encuentro
de lo que siempre te quiso
y te llevó en sus adentros:
esta ribera de un río
junto a un Puerto jabonero.
Y paseaste tu Gracia;
y ralentizaste el tiempo,
cuando andabas por San Jorge
con tus sones cofradieros.
Y llegaste a Alfarería,
de Montalbanes secretos
esperando tu venida
entre azulejos coquetos.
Y alegraste en San Jacinto
el perfil bello y sereno
de una Estrella trianera
que bajó desde los cielos.
Y la Cava se partía,
entre quejíos flamencos
con compás por bulerías
porque pisabas su suelo.
Y la Luz resplandecía.
Y otra vez un nuevo encuentro,
de madrinas que salían
a rendirte pleitesía
con sus plegarias y rezos…
Y camino del Zurraque,
la noche siguió cayendo.
Y una espadaña de plata
sus campanas echó al vuelo
para dar la bienvenida
a la Reina de los Cielos,
cuando un barroco Gitano,
enclavao en un madero,
fue testigo de la dicha
de tu barrio trianero.
Y ya enfilaste Castilla,
con andares altaneros,
y confieso Madre mía
que quise parar el tiempo
inventando en mi delirio
antífonas para tu encuentro:
¡Oh! mi Niña Coronada,
¡Oh! Reina de Tierra y Cielo,
¡Oh! Luz en la madrugada,
¡Oh! Custodia de la Gracia ,
¡Oh! Madre de los trianeros.
