Repicaba un campanario
anunciando amaneceres
y a la vez, filas de fieles,
repetían calendario.
De un amor hereditario
lo aprendieron de la mano.
Mientras, el azul lejano
del cielo se hacía celeste
dándole luz desde el este
a la Puerta de los Palos.
Oí sones que entonaba
una tropa militar
mientras, junto a un alminar,
ramo de nardo asomaba.
Una Paloma posaba
su vuelo ante el cancel,
y el blanco de su vergel
llenó de olor a Sevilla;
y el blanco de su tumbilla
buscó un sol de amanecer.
Y el silencio iba sonando;
que en Sevilla, también suena.
Una Torre de azucenas
miraba al paso, avanzando.
De tres en tres, murmurando,
salves el alba trocea,
y el color de la marea
que su manto iba dejando
agosto lo iba llenando
con brillos en Su Presea.
