Estaban los rancios de ojana,
al igual que el frikerío,
llenitos de sarpullíos
recordando La Campana.
Los rancios, por su desgana.
Los frikis, por quien consigue
lo que sueñan y persiguen
ellos, entre envidia y babas.
Y es que la linde, se acaba,
pero el tonto, siempre sigue.
