que siempre han sido de honor.
Unos viven, otros no,
pero no fueron rastreros.
Ni siguieron a embusteros
que subvencionados viven,
y al son del poder escriben
su Triana de mentiras,
buscándose la comida
en migajas que reciben.
Conozco yo a unos trianeros,
que no viven en Triana,
pero le dieron la fama
antes de perder su fuero.
La especulación del suelo
les arrebató sus cunas.
Y con la cálida luna,
se sonríen cuando escuchan
pregonar, a algún babucha,
su historia en una tribuna.
Conozco yo a unos trianeros,
que nunca tendrán diploma
pues cuando a Triana asoman,
no están los titiriteros.
Los que mangan los dineros
y manipulan la historia.
Tan sólo está la memoria,
de un Viernes por la mañana
que con la tarde, en Triana,
les devolverá la gloria.
