para dejar los besos a su lado,
cansados, tras el gozo disfrutado,
de verlo caminar entre sus rasos.
Su puerta nos recibe con los lazos
de fiestas en ojales adornados.
Nos despide, añorando lo pasado
y portando la flor de su regazo.
La Pascua tiene olor a despedida.
Sus días, en el ocaso se adormecen.
Pesa el alma; igual pesan las piernas.
Cada vez, es más dura la partida
dejándole con besos que florecen
soñando con la luz de otra Cuaresma.
