los de la "prensa morada".
Con los micros en alerta
hacia el carro se lanzaban
buscando algunas respuestas
a lo que les preocupaba,
de los “dimes y diretes”,
de este mundo de fantasmas
que empieza por ellos mismos,
y en alguna junta acaba.
Querían saciar su incansable
hambre de mamarrachadas,
para llenar sus "pográmas",
de mentiras y de "ojana",
y seguir comiendo gratis
de una fiesta que es sagrada.
E insistiendo y peleando,
entre ellos, preguntaban:
¿Qué pensaba de un Consejo
que la nómina cambiaba?
¿Qué pensaba del Cabildo
que las cuentas no aprobaba?
¿Qué pensaba de las sillas,
de chinos, que se encontraba?
¿Y las normas del Cecop?
¿Y los niñatos con guasa?
¿Y las Glorias y el dinero?
¿Y el alcalde, con la vara?
¿Y las "meciditas"tontas
con retraso en la Campana?
¿Y los siete capataces?
¿Y el adobo? ¿Y la pescada...?
Y delante de mi Hermano,
así se le presentaban.
Y mi Hermano, sonreía.
Y mi Hermano, los miraba.
Y mientras, de un bolso negro,
su madre sacaba estampas,
medallas y caramelos.
Y los tíos, ¡no se largaban!
Y él pensaba en sus adentros,
con su sonrisa marcada:
¡Os queréis quitad de en medio
con los micros y las babas!
¡Que estoy viendo al Nazareno
derramando en sus zancadas
olor a lirio trianero
y a geranios de la Cava!
¡Y no me dejáis verlo!
¡Me "viacagá" en vuestras castas!
