sábado, 21 de julio de 2012

Epílogo

Por Santa Isabel se escapa
entre azahares mi gloria.
Allí es la última etapa
de las jornadas que atrapan
mis sueños en la memoria.

Todo empieza una mañana
de un Domingo deseado,
para morir en la plaza
que su cortejo traspasa
dando luz a los naranjos.

Su Providencia entre flores
enciende la oscuridad,
y el ocaso en sus Dolores
deja dorados colores
y aroma en su Soledad.

Mi alma en el esplendor
abre su porosidad:
el oído escucha el son,
el olfato, incienso y flor,
y la vista, inmensidad.

Ahí Sevilla y yo acabamos
nuestro enamorado encuentro
y soñando de su mano,
otro Domingo de Ramos,
la recojo en mis adentros.