La clara luz del alba que un infante
veía cada Viernes de mañana
regando de frescores, la romana
Centuria que pasaba por delante,
marcaba de sonrisa su semblante
y asido a una reja de ventana
ya soñaba, muriéndose de ganas,
el ser de aquella Roma tan radiante.
La vida esa suerte le brindaba,
de noche entre plumas y enagüetas
cuando su descendencia ya esperaba.
Ahora es ella, quien busca las cornetas,
mientras otros soñamos madrugadas
de alba, y una reja con su nieta.
