martes, 2 de enero de 2024

Túnica

Un martes "señalaito",
la saco yo del armario.
No será un martes cualquiera,
otro más del calendario;
será el de Semana Santa,
es decir, el Martes Santo,
el día que yo dedico
a celebrar este acto.

La saco y la cuelgo al sol
para contemplarla un rato,
repasar botonadura
y quizás, también el bajo,
coserle bien el escudo
y lista para el planchado.

Mientras se huele a torrijas
y flores de los naranjos,
queda colgada y dispuesta,
presta para su traslado.

Y ya el jueves, de mañana;
de mañana y muy temprano.
Jueves Santo, "pa más" señas;
jueves de los señalados.
De los que más que el sol brillan.
De los tres refraneados,
es elegido por mí
para llevarla a su barrio.

Allí, en un día y medio,
se irá solita aromando
de brisa fresca de río.
De la Cava y de Altozano.
De azahar de un limonero
en la memoria guardado.
De puestos de calentitos.
De civiles y gitanos.
De soleá trianera,
bulerías y fandangos.

A media tarde del viernes.
Ese viernes: ¡Viernes Santo!
Me la pondré entre el rito
que va acumulando años.
Con la medalla en el cuello.
Con el cíngulo enlazado.
Entonces, tendrá su aroma:
el aroma de su barrio.
El que un día de primavera,
como otros señalados,
vuelve como el ave fénix
a reclamar su pasado.

Otra vez se harán presentes
tantos recuerdos guardados.
La memoria, traerá gente
tras un antifaz "morao".
Y de nuevo, un cirio rojo,
dará luz al "Jorobao".