para darle sentido a mi vida.
Buscaré por mi alma, la perdida,
infancia que sentí en sus rincones.
Ahora sí que llegan los pregones
que dejan nuestras almas abatidas.
Tan íntimos, como la luz mecida,
que llenará retinas de emociones.
Un servidor lo siente, pero anda
durante la semana con su amada.
Ella, en su razón, es la que manda,
cuando de primavera perfumada
sus versos a escondidas, le demanda,
a cambio de belleza derramada.
